Más allá de un anuncio – la moralina también vende

Pongo un anunció que me ha resultado interesante desde varios aspectos, a pesar de que ya no lo pasan en los medios.

A simple vista, contiene un mensaje que le pega directo a quienes tienen redes sociales virtuales, a quienes tienen “amigos” en el Facebook.

Cuando analizamos un suceso, es posible hacerlo desde el punto de vista de los agentes que intervienen directamente en su resultado: los personajes, tanto los conglomerados como el que está frente a ellos, la voz que indica las instrucciones, etc. Otro punto a analizar es sobre quienes no aparecen, pero son los que mandaron a hacer el anuncio, en concreto, quienes están detrás de la marca involucrada, lo cual es independiente de decenas, quizá, de personas que auxiliaron a poner la escena vista.

Pues bien, con independencia de las preguntas para excluir “amigos” (así, entre comillas) que se escucha en el anuncio, la distinción entre amistades reales o entre grupos sociales primarios y secundarios que hacen las ciencias sociales como la Sociología y la Antropología está presente vivencialmente, no tanto a nivel conceptual, a través de nuestro sentido común, gracias al cual podemos distinguir entre un amigo verdadero y un simple “amigo”, una etiqueta que tan convenientemente pusieron quienes inventaron la red social mencionada.

Surgen más preguntas, ahora relacionadas con otro hecho: la marca.

Esta moralina dada por parte de quienes soportan la marca de cerveza: ¿es solo una buena ocurrencia? ¿es la nueva forma de legitimación de las empresas que promueven el consumo mostrar una cara amable de moralidad?

Resulta que la preocupación que muestra la marca por el concepto “amigos” no es casual, de hecho suele ser uno de varios temas sujetos a investigación por parte de ciencias como la Psicología Social, Antropología y Sociología pues tratan de analizar fenómenos relacionados con la diversidad de conflictos y con la interpretación causal/final relacionada con tal concepto: estrés, soledad, depresión, autoestima, control social, manipulación, criminalidad, etcétera. La variedad de las fuentes muestra que la problemática sigue dando mucho de qué hablar. Usted mismo puede probar lo asentado, basta con que escriba en cualquier buscador web los términos “Redes sociales” más “amistad” así como alguno de sus derivados para darse cuenta del potencial que el marketing seudo-ético tiene para jugar con preocupaciones reales del consumidor con la finalidad de aumentar el consumo de una marca sin “carga de conciencia”.

Otro ejemplo es el caso del café de la sirenita al mostrar su cara amable, su moral ecológica que la identifica como una empresa socialmente responsable, preocupada por temas de desarrollo comunitario, sustentabilidad, etc., un lanzar la piedra, escondiendo la mano. Cualquiera puede percatarse de la evasión del problema de la contaminación que generan los recipientes en los que sirven el café, tanto este como otros establecimientos similares, dada (la evasión) primero por la empresa y, en segundo lugar, por la gama de consumidores que ven como normal de hecho y de derecho constituir una necesidad de beber café en tales condiciones.

Aquí dos intentos de reivindicación:

La ausencia de un sentido del presente sustentado en un conjunto de hechos pretéritos que genera una de las facetas tan desagradables del postmodernismo actual, provoca la conformidad con las normas de consumo impuestas a través de los medios actuales de comunicación, con todo y el doble discurso moral. El consumo del café es un claro ejemplo, usted puede tomar un capuchino en un envase de unicel (o material similar) no porque sepa, a ciencia cierta, cómo hicieron la bebida sino por que, simple y sencillamente, tendrá la fe (ciega) de probar algo distinto con solo identificarlo por el nombre, al final de cuentas el gusto es lo que cuenta ¿o no?

Preguntas:

Si una marca nos muestra un intento de sensibilización moral ¿está en su derecho hacerlo con tal de vendernos “x” producto?

¿Hasta dónde llega la responsabilidad del consumidor ante los anuncios moralizadores que pretenden sensibilizarlo con tal de lograr un efecto de consumo?

Vuelve la ofuscación de la utopía: preciso tener un ideal sostenido por alguien que nos vende algo, para no sentir culpa al consumirlo. Buen negocio ¿no cree usted?

 

 

 

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