El silencio, entre los homicidios y las notas periodísticas que los reportan

El periódico El Universal tiene una sección por demás interesante, pero no apta para quienes se “deprimen” cuando ven noticias y numeritos.

Se trata de un índice que mide la ausencia de cobertura informativa relacionada con un delito en particular: homicidio. Mismo que se estandariza de forma genérica sin aludir al fuero competencial o jurisdiccional.

Si partimos de la hipótesis de que el número de homicidios debería de dar la pauta a los medios locales o nacionales para tener cierta cobertura informativa de ellos, entonces, en algunos Estados y ciudades de nuestro país tal tendencia podría reflejar, hasta cierto punto, un grado de certeza sobre la comisión del delito.

Pero la historia es otra.

Resulta que el índice de homicidios no coincide, bien a bien, con el nivel de reporte noticioso de los mismos, es lo que el periódico aquí mencionado ha señalado con el término “silencio” de los propios medios.

Pongo la gráfica que da cuenta del estado del silencio a nivel nacional en la actualidad:

El lector tendrá que buscar por sí cuáles son los factores que propician tal silencio, aquí solo me limito a divulgar lo que El Universal ha preparado.

Vínculo principal: Los muertos silenciados, los espacios oscuros que deja la violencia en México

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¿Cuál es la relación entre la Semana Santa y la Filosofía?

Estamos en Semana Santa, la cual sabemos que forma parte de uno de los rituales cristianos más importantes pero, a parte de lo obvio, existe otra faceta que se puede encontrar en las personas tanto creyentes de esta religión como no creyentes en general. Me refiero al tiempo destinado para tal evento y que no deja indiferente a un buen número de personas.

Así planteo la pregunta: ¿Qué relación existe entre el tiempo de la Semana Santa y la Filosofía?

Para los cristianos practicantes, concretamente los Católicos, el tiempo de Semana Santa y, dicho sea de paso, el tiempo de Navidad, es una oportunidad para pensar y replantear no solo objetivos a mediano y largo plazo, como sucede cada que se acerca el fin de año, sino la reflexión de lo que significa la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. ¿Qué tiene de filosófico esto? Aparentemente nada, pero solo es una apariencia. Desde el punto de vista de la Ética es sano contar con un tiempo de reflexión para cuestionarse y responder sobre los motivos de la vida, de aquello que nos hace vivir, actuar con bondad o maldad solo o con otros, de esta manera el tiempo de la Semana Santa ayuda al re-planteamiento ético de los que somos creyentes y tendemos a practicar alguna religión. Para cuestionarse la forma de vivir, de existir o de ser, es necesario que exista el tiempo para la pregunta, el tiempo para la correspondiente reflexión, el tiempo para la aceptación de la propia circunstancia en consonancia con lo que se cree, se practica, se dice. La Semana Santa representa eso, la necesidad de tener un tiempo. Aquí es donde opera una conjunción entre la Ética, como rama de la Filosofía, y una tradición cristiana ¿Para qué? Para motivar la reflexión. Según lo anterior, no es necesario plantearse los presupuestos básicos, o teórico-teológicos, de la creencia sino los elementos prácticos de ella, aunque no falta quien tenga necesidad de explicitarse, recordarse a sí o a otros, la razón del porqué se cree.

Algunos son cristianos no por convicción sino por simple tradición y se definen a sí mismos como no-practicantes. Cabría preguntarse si hay grados de practicidad de la religión en general, del cristianismo en particular, etc., pero no entraré a esto aquí.

Para los cristianos no-practicantes la Semana Santa es un periodo vacacional más; es una oportunidad para salir a pasear con los familiares, amigos, etc., aunque algunos sí se dan el tiempo de practicar algunos rituales cristianos como la “visita a los templos”, por ejemplo. También a ellos se les presenta la oportunidad, en medio de las vacaciones, de reflexionar sobre sí mismos. La evasión mercadotécnica de las vacaciones se deja sentir más en quienes son creyentes pero no-practicantes pero, aún así, el tiempo ya sea de una o las dos semanas plantea algo: ¿Qué es ese algo? Un reto de comprensión y de recogimiento que el lado practicante plantea como opción, como posibilidad todavía no tan alejada. Los no-practicantes pueden tomar una postura de franco rechazo para “disfrutar” de las vacaciones; de aceptación intermedia del reto de la reflexión en medio de la vacación o, en su caso, la vuelta al redil. Cuando una situación que aparenta imposición normativa o jerarquía de autoridad se nos presenta ocurre la oportunidad de reflexión filosófica y tomar una posición al respecto aunque el concepto de “vacación”, tal y como se nos presenta en la generalidad cargado de hedonismo y consumismo al por mayor, no suele estar acompañado del cuestionamiento, aunque se apodere más de la potencialidad y actividad de la libertad que el ritual normal.

Para aquellos que se dicen creyentes en un Dios pero no religiosos autodenominándose simplemente espirituales, parece que la Semana Santa puede acomodarse como un tiempo abstracto en el que la soledad puede ser aliada y motivadora de la reflexión filosófica. Aunque es un hecho que a quienes se consideran a sí mismos como espirituales una forma de ser se les impone y es conocida como New Age haciéndolo de manera bastante cómoda dando la impresión de ser libre en la interpretación de lo real partiendo del sí incomprensible para el otro, por no tener la suficiente “consciencia” para lograrlo. La tentación del New Age es que da la ilusión de aceptación libre de una forma espiritual pero minimiza, a la vez, el papel del pensamiento y del discurso racional importando rasgos de individualismo enajenante del sí mismo. No puedo generalizar ya que es posible encontrar personas que crean en un Ser superior pero, además, que por sus propias fuerzas discursivas y no enajenantes tiendan un puente en esta semana para con la sociedad y el contexto en el que se encuentran inmersos, aprovechándolo para la reflexión personal e interpersonal.

Para quienes se dicen a sí mismos agnósticos, la Semana Santa motiva la reflexión indagadora, cuestionante, pero respetuosa de la diversidad cultural de los demás. Al no afirmar o negar la existencia de un Ser Superior, al no desconocer los aportes y la historia cargada de actos humanos que tratan de identificar un mensaje salvífico puesto en un contexto cultural, los agnósticos tienen una expectativa de conocimiento, de comprensión abierta al otro, de aceptarlo como es sin rechazarlo pero sin afirmarlo expresamente.  El agnóstico puede preguntar y re-preguntar sobre cualquier aspecto de la realidad percibida por los demás, lo que causa, en veces, incomodidad que no significa ausencia de explicación. La reflexión filosófica es natural en el agnóstico, interpretándolo como alguien que busca, o bien, que habiendo percibido, pregunta. El reto del agnóstico es tratar de entender el contexto de los demás sin olvidar las limitaciones propias, por eso esta Semana puede ser aprovechada por él para poner en movimiento las preguntas filosóficas.

La Semana Santa es un reto no tanto para el agnóstico abierto a la experiencia, a la confrontación con lo real, sino para el creyente practicante que evalúa su coherencia, para el no-practicante que evalúa sus convicciones en general, y para el espiritual que replantea los términos de su búsqueda con el Ser Divino.

Para quienes se dicen ateos. Concibo dos clases, el ateo conciliador y el beligerante (antiteísta). Ante un acontecimiento cristiano como el de la Semana Santa las reacciones son distintas.

El ateo conciliador muestra extrañeza, cierto asombro por el ritual y quienes lo practican, científicamente trata de recopilar información para denunciar abusos y reconocer rasgos positivos acerca del fenómeno lo que objetivamente también puede, o debería, de hacer un creyente practicante y no fanático. El ateo conciliador en su visión de grupo tiende al cuestionamiento de forma normal, como grupo minoritario plantea filosóficamente interrogantes en torno al fenómeno social, político, económico de la religión en general y de la Semana Santa en particular, es algo que le va como normalidad. El ateo conciliador, sin dejar de ser quién es, puede hacer una mancuerna estupenda con el creyente practicante no fanático, de esta manera es posible reconocer aportes mutuos en relación con la ciencia y la misma religión, depurándola a través de la crítica científico-filosófica. Son varios los filósofos que pueden dar cuenta de la relación entre los ateos y los creyentes aunque, en última instancia filosófica, sí resultan irreductibles uno al otro pero, ambos, en sintonía con los valores democráticos, pueden convivir en ambientes religiosos y netamente laicos a la vez.

Lo anterior no sucede con el ateo beligerante quien se comporta como antiteísta, con cierta radicalidad que nos transporta a una especie de fanatismo. El beligerante asume como derecho no solo el menosprecio sino la franca ofensa para quienes no son como él: ateos, amparándose en una supuesta libertad de expresión extraída de un contexto democrático, pero exhibiendo un comportamiento que carece del valor de la pluralidad; esta contradicción revela una actitud utilitaria por obtener de los valores de la democracia solo lo que conviene. La existencia del ateísmo como sistema es una exigencia con plena validez político-jurídica en un ambiente democrático, lo es para el ateo beligerante, aunque este mismo no acepte tal derecho para la existencia de la creencia en un Dios personal o de la religión, calificándose a sí con cualidades que rayan en lo óptimo y calificando despectivamente a quienes son creyentes. El ateo beligerante tiene algo en común con el creyente fanático: ambos no reconocen las virtudes del otro, solo las propias; así, mientras uno se ampara en Dios para rechazar sin análisis previo al otro; el ateo beligerante desconoce, como si ese fuera su dogma, cualquier aporte de la religión en general, comportándose como todo un fanático, pero ateo. Si le hablas de pluralidad o tolerancia, el ateo beligerante primero ve los errores de los creyentes y después ofrece el diálogo pero condicionado a la renuncia de la creencia. La Semana Santa es para los ateos beligerantes una especie de insulto manipulatorio de su tiempo y de su espacio, los puentes de comunicación con los creyentes son ausentes o, a lo mucho, fingidos; las observaciones de los ateos conciliadores sobre los aportes positivos de la religión son minimizados y los de cualidad negativa son maximizados. La tendencia esnobista de este tipo de ateos es mostrarse bajo la fachada de una jerga de autenticidad que implora por una auto-aceptación a partir de la ruptura que se quiere evidenciar y de hecho lo hace, por ejemplo, a través de las redes sociales virtuales. El ateo conciliador, maduro, no necesita de estar poniendo a cada rato pruebas de su ateísmo, no necesitar quitarle la “venda de los ojos” a los demás como necesidad de auto-validación; similar madurez la encontramos en el creyente no fanático, porque el fanático necesita auto-validarse a través del insulto porque no comprende la diversidad de enfoques y las preguntas de quien es distinto le aterran.

Como ustedes pueden apreciar la Semana Santa es una oportunidad de reflexión filosófica para todos, para reafirmarse, modificarse o plantear interrogantes de sí y de los demás. La percepción de lo complejo, de la imposición y, por ende, del alejamiento, no está en quienes son creyentes-practicantes no fanáticos para los que el contexto religioso de esta semana resulta estimulante para generar la re-comprensión filosófico-teológica; tampoco está para los ateos conciliadores atentos al fenómeno digno de estudio en el ámbito científico social y filosófico, hasta en tanto no se plantee el debate principal ontológico-teológico; ni tampoco el reto está en los agnósticos para quienes siguen buscando respuestas. El verdadero reto es para los cristianos no-practicantes que evaden su realidad con el concepto de “vacación” y toda la maraña mercadotécnica hedonista, a la vez que el reto es para quienes se dicen ateos (beligerantes) pero son cerrados al diálogo fraterno, utilizando un sistema dual de interpretación del mundo similar a los creyentes fanáticos: si eres ateo como yo, entonces, acepto tus argumentos, si eres creyente de plano sabré, a priori, que no tienes razón en lo que digas sobre tus creencias.

Formas de buscar trabajo

Según el periódico El Economista, las distintas generaciones tienen sendos modos de buscar empleo.

Ideas para otro país ¿Se podrían aplicar al nuestro?

 

Notas

  • A pesar de que el documento se refiere a otro país (Argentina) en otro tiempo ¿Se podría aplicar al nuestro en la actualidad?
  • El texto no está completo, pero deja clara su intención.

La fuente original es del siguiente tuit:

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Aprovechemos este mes en que el realizamos nuestras “fiestas patrias” para tratar de entender en qué situación nos encontramos tanto a nivel federal como estatal/municipal. A muchas personas se les aclara el panorama cuando comparan su propia condición, como país, con el de otros que han atravesado por situaciones similares, de esta manera revaloran la suya.

  • ¿Cuál es el camino que hemos recorrido, como sociedad, para llegar hasta donde estamos?
  • ¿Cuáles han sido los puntos positivos del balance, así como las deudas que tenemos tanto el gobierno como sociedad civil?
  • ¿Tenemos rumbo como nación, como entidad federativa?
  • ¿En qué se basan nuestros ideales sociales?
  • ¿Coinciden nuestro proyectos personales y grupales con los de la sociedad en general, en relación con una visión compartida de nuestro futuro?

Estas y otras preguntas podrían esperar su formulación y respectiva respuesta
¿A quiénes les toca semejante tarea?

A todos aquellos que tienen conciencia nacional y que piensan ser partícipes el día de hoy de una exclamación con alto raigambre cultural que al oído la identificamos como:

“Viva México”

Antes y después de las elecciones

 

Nótese que, a pesar de la fecha del tuit, la temática seguirá siendo relevante dentro de la agenda del nuevo gobierno.

Al jurista le faltó señalar el tema de la delincuencia organizada, aunque está implícito en el punto número uno.

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Antes del día de la elección estos temas se discutían, aparentemente, entre los candidatos y sus representantes con los medios de comunicación, dando breves pinceladas en sus campañas generando expectativas con la intención de convencer al electorado.

Ahora, independientemente de la transición o entrega-recepción, estos temas serán discutidos con otro matiz:

  1. Tendrán que ser planeados por equipos de trabajo especializados.
  2. Sin alejarse de los propósitos planteados originalmente con motivo de las elecciones, derivado del punto anterior, las expectativas se ajustarán al ámbito de lo real.
  3. En caso de confirmar la mayoría absoluta en el Congreso, AMLO deberá de justificar a través del discurso público la aplicación de los proyectos.
  4. Los medios de comunicación así como los organismos de la sociedad civil serán en todo momento vigilantes del gobierno, haciendo las comparaciones a que históricamente haya lugar.
  5. La oposición se conformara de forma original, sobre todo en lo que respecta al PRI y sus aliados, algo nunca antes visto en la historia de nuestro país.

Cuando las expectativas son altas y no hay mediación entre el periodo electoral y post-electoral, la desconfianza tiende a aumentar ante la percepción de incumplimiento, por mínimo que sea; de ahí el papel de los medios y los políticos en el planteamiento transparente de los objetivos en base a un esquema público de resultados.

Ahora nos toca a los ciudadanos que fuimos a votar y aquellos que tienen interés en que nuestro país vaya por buen camino, tener la madurez necesaria para enfrentar los nuevos retos que no solo plantea una elección que históricamente no tiene precedentes sino que deberá mostrar, con el mismo o mayor empeño que en la época electoral, el acompañamiento que todo político o funcionario público requiere de sus ciudadanos.

Ya no es momento del encono ante quien pensó en una opción distinta a la ganadora en la contienda electoral. No hay lugar para más “bots”, “chairos”, “pejezombies”, “peñabots”, “acarreados” y demás acusaciones que circulaban a diestra y siniestra en la red. Es posible que haya quienes, a diferencia de los candidatos a la Presidencia de la República, no sepan perder y sigan difundiendo “fake news”. Por eso los ciudadanos tenemos que mostrar unidad, sin que se precie de sumisión, ante el nuevo panorama político. La oposición jugará un papel totalmente rediseñado dándose la oportunidad histórica que se vislumbra en el horizonte y que deberá de aprovechar junto con los medios para dar a conocer los puntos de vista concordantes o no con la nueva visión del gobierno, entendiéndose en beneficio de una gobernanza cuyo concepto está implicado en un ambiente democrático.

La tarea del ciudadano ahora es más compleja. Ya fue a votar, a la vez que estuvo atento a los posibles escándalos de unos y otros en la contienda. Ahora deberá de buscar la información relevante que lo implique en su circunstancia de acuerdo con el ámbito nacional o local y participar de acuerdo a ella. Esto lo puede hacer de dos formas, la más sencilla es acudir a los medios de comunicación locales, nacionales y extranjeros para enterarse de la actividad que reportan en relación con sus gobernantes lo cual, para muchos, les será gravoso ya que desaparecerá el morbo electoral y habrá de presentarse la oportunidad de ver la realidad tal cual es, diferenciándola de la expectativa anterior. (Aquí es donde se puede notar la gran diferencia tanto entre la opinión pública y la publicada como entre quienes realmente tienen, o no, interés por los asuntos políticos que nos implican a todos). Otra forma, más compleja eso sí, de allegarse la información es buscarla directamente, a través de ciertos canales que se adecuan a la especialidad de quien la procura; quienes buscan de esta forma tienen la capacidad de convertirse por sí mismos en referencia en cuanto a su interpretación.

El siguiente tuit representa, hasta cierto punto, a quienes procuran directamente la información – como los periodistas, abogados, contadores, entre otros – en relación con la actitud ante el nuevo gobierno, la cual es independiente de quien o quienes hayan ganado las elecciones.

No desperdiciemos esta oportunidad histórica. Varias generaciones han presenciado un evento sin precedentes. Quienes han votado por primera vez, tienen la oportunidad de hablar de un hecho que en muchos sentidos ha sido ejemplar:

a) organización; b) libertad de expresión; c) candidaturas independientes; d) respeto del voto; e) mayor formación de la conciencia política en los ciudadanos; f) clima de paz durante la jornada electoral, refiriéndose al ejercicio del voto, salvo excepciones; g) es la primera vez que un partido político tiene mayoría en el Congreso y es distinto al PRI; h) alianzas entre partidos ideológicamente distantes, lo que nos habla de la capacidad de encauzar intereses comunes; i) articulación de debates organizados por el INE, menos acartonados que los anteriores; j) el reconocimiento de la victoria de AMLO por parte de quienes habían sido sus contendientes en la elección, otro signo de madurez política; k) el uso de las redes sociales para incentivar la participación tanto de los Millennials como de la generación “Z” quienes representaron un alto porcentaje en la emisión del sufragio. Entre otros puntos.

Pero estas elecciones han padecido de ciertos males: a) un nivel de violencia muy alto en los ámbitos locales y estatales que ha cobrado la vida tanto de candidatos como de quienes ya ejercían una función pública; b) gasto desproporcionado asignado a partidos políticos y dado “a cuenta gotas” a los candidatos independientes; c) opacidad en las declaraciones patrimoniales, de intereses, etc., de buena cantidad de candidatos; d) absorción del espacio público de las candidaturas a la Presidencia de la República con menoscabo de las demás; e) el uso de los medios de comunicación para incentivar expectativas ingenuas y desproporcionadas; f) falta de discusión sobre el contenido de las propuestas de los diversos candidatos, favoreciendo en su lugar a las descalificaciones y acusaciones constantes por medio de escándalos; g) un número muy alto de “indecisos” que todavía se apreciaban al día de la elección; h) el uso de las redes sociales para motivar la animadversión entre las distintas posiciones políticas; i) la confusión entre quienes navegan en la red a causa del uso masivo de las “fake news”; j) claro distanciamiento entre el INE y el TEPJF en los casos de las candidaturas independientes. Etcétera.

Solo es posible apreciar los avances y retos que plantea esta coyuntura política si acudimos a la Historia de México en sus etapas recientes y de manera interdisciplinaria. La forma de hacerlo es, como sugerencia, a través de un modelo dialéctico que exprese, además de la dinamicidad histórica, la superación de las diversas etapas que se amalgaman de forma tal que con ello es posible desterrar tanto las utopías carentes de sustento real, las visiones maniqueas de quienes son, antes que nada, personas, así como una manera nihilista de apreciación de los asuntos políticos, formas estas de conciencia que abonan a una fragmentación y manipulación del individuo aislándolo más de su propia comunidad política que comprometiéndolo como parte indisoluble de ella. De esta manera, quienes van por los derroteros del desánimo o del desarraigo se verán obligados a aceptar que, a pesar del constante bombardeo de las noticias negativas, hemos avanzado en varios rubros en lo que concierne a la materia política general, de los cuales los ciudadanos debemos de ser garantes a través de la exigencia de rendición de cuentas a quienes nos van a gobernar en los distintos niveles, entre otros medios de participación ciudadana.

Termino con la declaración del Consejero Presidente del INE